Frankenstein
















Autor: Mary W. Shelley
Editorial: Bruguera

Traducción: Manuel Serrat Crespo
Año: 1981
Páginas: 339
Calificación: 3/5



Robert Walton quien se encuentra explorando los fríos parajes del norte de Europa rumbo al Polo, envía cada cierto tiempo cartas a su hermana Margaret en Inglaterra, conocida también como la señora de Saville, contándole los pormenores de su travesía. En una de estas cartas le comenta cómo es que rescató a un misterioso joven en extrañas circunstancias salvándolo de morir congelado y le prodigó los cuidados necesarios para su recuperación naciendo entre ambos una buena amistad. Asimismo, Robert le comenta a su hermana muy animado que seguirá anotando en su diario personal todo lo relevante respecto a su nuevo amigo, y es así como nos enteraremos del gran secreto que esconde y atormenta a este enigmático joven llamado Víctor Frankenstein.





Resulta muy interesante saber cómo es que Mary W. Shelley escribió Frankenstein. Corría el mes de junio de 1816 cuando en Villa Diodati, situada en los alrededores de Ginebra, se reunieron unos jóvenes escritores, contrariados por el mal tiempo que estaba arruinando sus vacaciones. Allí estuvieron Lord Byron, Percy Shelley, John William Polidori y Mary Wollstonecraft, la que se convertiría en el futuro en esposa de Shelley. Encerrados y sin poder salir por el temporal, para entretenerse deciden crear historias de terror. Es en esta reunión donde Mary W. Shelley comenzó a dar los primeros esbozos de una de las novelas de terror más conocidas de todos los tiempos.

La edición que tengo me encanta. Es pequeña, de pasta dura con una escalofriante y llamativa sobrecubierta. Encontré este libro en una librería de libros usados y a muy buen precio así que no desaproveché la ocasión y lo compré considerando además que estaba en mi lista de libros por leer desde hacía mucho tiempo.

No creo que sean spoilers si les digo que lo primero que descubrí y me sorprendió fue que el nombre del libro, Frankenstein, no hace referencia al monstruo como siempre creí y que ahora descubro no tiene nombre, sino a su creador, al doctor Víctor Frankenstein. Lo segundo y no menos importante es que el monstruo, no es aquel terrible ser violento sin capacidad de razonamiento, que aterroriza a la gente y la persigue para exterminarla tal como nos muestra la televisión, los comics o películas, sino todo lo contrario, es una víctima, un ser con sentimientos igual que un humano. Dotado de una fuerza descomunal, se siente agobiado por su origen, su fea apariencia y apesadumbrado por el rechazo de la gente.


No es difícil sentir lástima y compasión, más que terror, por ese ser creado a partir de cadáveres por un soberbio científico obsesionado que invertía sus días y noches en investigaciones y estudios sobre la creación y el dar vida a partir de la materia muerta, que juega a ser Dios, pero que después de haber logrado su objetivo se arrepiente, aborrece y abandona a su creación.

La historia es un poco lenta en algunas partes, pero me gustó. No fue lo que yo esperaba, principalmente porque se etiqueta al libro en el género del terror y me hice muchas expectativas al respecto. Aunque tiene pequeñas cuotas de terror, tiene más dosis de drama. El drama del monstruo que es víctima, que se siente rechazado, desorientado, diferente y sobre todo solo.




...Nada puede detener un corazón audaz y una voluntad decidida.
Pag. 37


...Los hombres somos seres incompletos. Vivimos tan sólo a medias si alguien más sabio, mejor que nosotros mismos -cosa que debe hacer un verdadero amigo- no está a nuestro lado para ayudarnos, para mejorar  nuestra débil e imperfecta naturaleza...
Pág. 46


Para aproximarse a la perfección, un hombre  debe conservar siempre la calma y la tranquilidad de espíritu sin permitir jamás que ésta se vea turbada por una pasión o un deseo momentáneo.
Pág. 86


...Cuando se examinan los escritos de Oriente, la vida parece un edén lleno de rosas y bañado incesantemente por el sol...
Pág. 106


...Cuando me sentía feliz, la naturaleza tenía la virtud de despertar  en mí las más exquisitas sensaciones. Un cielo en calma, los campos que iban, poco a poco, cubriéndose de verde me embargaban con un éxtasis delicioso...
Pág. 108


Permaneced fieles a los objetivos que os habéis trazado, aguantad los contratiempos con la dureza de las rocas....
Pág. 326





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